La pérdida de empleos e ingresos, y la baja en la confianza de los hogares, le pondrán un límite a la recuperación poscuarentena.

El consumo no fue excepción y batió el récord histórico de caída durante abril: sufrió un desplome interanual de 22,4% y fue, tal lo esperado, incluso peor que marzo, ya que también registró una contracción de 4,8% en la comparación libre de estacionalidad. El actual derrumbe de la actividad económica se explica principalmente por este factor, que representa dos tercios del total de la demanda agregada que moviliza a la producción local. Hacia adelante se espera un repunte muy tímido, de la mano de la flexibilización de la cuarentena y de la incertidumbre por el futuro en los hogares.

El dato corresponde al Indicador Mensual de Consumo de la Fundación German Abdala (FGA). En abril, la venta de autos nacionales cayó 79,1% anual; según CAME las ventas minoristas se derrumbaron 57%; y además el IVA neto cayó 14,2%. El informe destacó: “Es esperable que el consumo continúe mostrando una importante retraída respecto de 2019. La flexibilización de la cuarentena podría, sin embargo, atenuar la baja“.

La contracción de los ingresos promete que el repunte será muy lento para el consumo. Incluso el impulso por parte del Gobierno, con una inyección de ingresos de carácter transitorio, le pone un límite al rebote de la demanda.

Al respecto, el economista jefe de Ecolatina, Matías Rajnerman, dijo a BAE Negocios: “Al principio se veía un shock de oferta pero en los últimos días, cuando la cuarentena se hizo más flexible, se empezó a ver el de la demanda. La destrucción de empleos informales fue importante. Además a mucha gente le están pagando menos salario. Cuando el salario cae nominalmente, genera miedo de que se vuelva algo duradero y eso lleva a un ahorro precautorio“.

Y agregó: “El Gobierno pensó el paquete de medidas como un shock transitorio. Así como en 2009 se respondió a la crisis que arrancó en 2008 con el lanzamiento de la AUH, que garantizaba para siempre un piso de ingresos a cierto sector, ahora se dan $10.000 por mes, se paga la mitad de los salarios privados y se da un crédito puntual. Es un shock de una vez, no se extiende en el tiempo. Hay una negociación de deuda, una restricción fiscal. En 2009, en cambio, había superávit“.

El economista Sergio Chouza señaló que “la caída muy rotunda en el consumo va a ser un hecho objetivo, explicado por la restricción de oferta que, cuando se libere, encontrará un consumo reprimido que se va a materializar, pero no en la misma proporción“.

Y agregó: “Una vez que vuelva la demanda, va a estar afectada por el efecto ingreso, con una caída en términos reales y en algunos casos también nominales. Así, aunque hoy se levanten las persianas y la oferta vuelva a estar igual que hace dos meses, la recomposicion de la demanda sería paulatina. La gran apuesta será a ir reanimando esas fibras a partir de sostener políticas de transferencia directas e indirectas, como el congelamiento de servicios y las coberturas de productos esenciales“.